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Pausa Indefinida.

Bienvenidos un dia más al Gremio de Magos.

Esta entrada es una despedida pues me veo incapaz de seguir con el proyecto. Lo dejo aparcado durante una temporada, hasta a saber cuándo. No es un adios, el proyecto sigue en pie es un… hasta luego.

Quizá algun dia vuelva con energias renovadas, quizá vuelva con más gente, quizá en otro formato, quizá con ideas frescas y nuevas. Pero hasta entonces el blog seguirá abierto como fuente de conocimiento pues no me gustaria perder tantas horas y comentarios valiosos.

Detesto citar nombres por si me dejo alguien, pero aunque parezca contradictorio no quiero irme sin hacer una mención especial y un agradecimiento a las personas que han pasado por este proyecto, en mayor o menor medida. La mención es algo muy personal, para mi más como un recuento que como otra cosa, por favor no monteis ningun drama a raiz de esto, no quiero comparaciones absurdas. Este proyecto ha llegado hasta aqui gracias a vosotros, por ello, a todos: Gracias, de corazón.

- Lasni. Por toda tu dedicación, me gustaría darte gracias por todas las ganas que le has puesto a esto, por la publicidad que hiciste en su dia y por seguir hasta el final.
- Demiurgo. Por tu apoyo y tus comentarios, junto a toda la dedicación puesta en el proyecto.
- Manga-K. Por toda la atención que me prestabas, por todas las subidas que has hecho, por tus comentarios y toda tu dedicación a este proyecto.
- Makore. Por tus comentarios y animos.
- Shinji Ikari. Por tus comentarios, propuestas, aportes a Palabras de Errantes y grandisimo apoyo.
- Chamorro. Por tus comentarios y animos.
- Ruinix. Por tus comentarios.
- Lôgän. Por tu apoyo, comentarios y aportes a Palabras de Errantes.
- Macchu Pichu. Por tus aportes a Palabras de Errantes.
- Amroth. Por tus comentarios.
- Violeta. Por tus comentairos y animos.
- Squee. Por tus comentarios.
- Ryugans. Por tus comentarios.
- Tk. Por tus comentarios y publicidad.
- Rakugan. Por tus recomendaciones y apoyo.
- Amelia. Por tus aportes a palabras de Errantes.

Y también a otras personas que se incorporaron en la recta final como: Dirtykitten, TopekontoenterikO, Piko, Wilhelm Steinitz, o Kakatuo.

Cuento 21 personas y me parece de puta madre. Me voy por un tiempo con una sonrisa sabiendo que esto en algun momento funcionó. Me odiaré mucho si me he dejado a alguien, así que… de ser asi lo siento. Que por favor se presente levantando la mano >_<.

Brindo por todos vosotros, y por los que nos siguieron de cerca pero nunca se animaron a comentar.

Hasta siempre.

Caja de Cartón.

Palabras de Errantes IX.

Macbeth - Uyulalanoessilencio (Makore)
La Conjura de los Necios - Jonathan Minila.

Te despiertas en el aeropuerto internacional de Air Harbor.

Cada vez que el avión se ladeaba en exceso al despegar o al aterrizar, rezaba para que nos estrellásemos. Momentos como éstos me curan el insomnio con narcolepsia, pues tal vez muramos irremediablemente, reducidos a hebras de tabaco humano prensadas contra el fuselaje.

Así conocí a Tyler Durden.
Te despiertas en el aeropuerto de O’Hare.
Te despiertas en el aeropuerto de La Guardia.
Te despiertas en el aeropuerto de Logan.

Tyler trabajaba de operador de cine a media jornada. Por su forma de ser, Tyler sólo podía hacer trabajos nocturnos. Si un operador llamaba diciendo que estaba enfermo, el sindicato reccuría a Tyler. Algunas personas son nocturnas; otras son diurnas.

Yo sólo puedo trabajar de día.
El seguro de vida te paga el triple si falleces en un viaje de trabajo. Rezaba para que hubiera turbulencias y viento de cola. Rezaba para que algún pelícano fuera succionado por las turbinas o para que el fuselaje tuviese algún perno suelto o se condensara hielo en las alas. Al despegar, mientras el avión recorría la pista y los alerones se levantaban, nuestros asientos se mantenían en posición vertical y las bandejas sujetas y el equipaje de mano metido en el compartimento superior; cuando ya habíamos apagado los cigarrilos y llegábamos al final de la pista de despegue, rezaba para que nos estrellásemos.

Te despiertas en el aeropuerto de Love Field.

Si el cine era antiguo, Tyler cambiaba las bobinas en la cabina de proyección. Para eso hay que contar con dos proyectores, uno de los cuales está en funcionamiento.

Lo sé porque Tyler lo sabe.

El siguiente rollo de película se coloca en el segundo proyector. La mayoría de películas constan de seis o siete pequeños rollos dispuestos en un orden determinado. En los cines modernos montan todos los rollos juntos y se obtiene otro que mide un metro y medio, con lo cual no hay que emplear dos proyectores ni hacer cambios de bobinas, ni ralentizar o acelerar el primer rollo, ni poner en marcha el segundo rollo en el otro proyector, ni poner en marcha el tercer rollo de nuevo en el primer proyector.

Conecta.

Te despiertas en el aeropuerto de SeaTac.

Estudio a las personas que aparecen en las instrucciones de emergia plastificadas que hay en el asiento. Una mujer flota en el océano; su cabello castaño se esparce hacia atrás y mantiene el cojín apretado contra el pecho. Tiene los ojos completamente abiertos, pero no sonríe ni frunce el ceño. En otra viñeta, los pasajeros, tranquilos como vacas sagradas, se estiran para coger las máscaras de oxígeno que cuelgan del techo impulsadas por un resorte.

Debe de tratarse de una emergia.

¡Oh!

Hemos perdido presión en la cabina.

¡Oh!

Te despiertas en el aeropuerto de Willow Run.

Cine antiguo, cine nuevo; para acarrear una película hasta el siguiente cine, Tyler tiene que volver a cortar la película en seis o siete rollos originales. Estos rollos de menor tamaño se guardan en un par de maletas hexagonales de acero. Cada maleta tiene un asa en la tapa. Levanta una y te dislocarás el hombro de lo que pesan.

Tyler trabajaba de camarero sirviendo mesas en los banquetes que organiza un hotel del centro de la ciudad; también trabaja de operador de cine para el sindicato de operadores. No sé cuánto tiempo trabajó Tyler durante todas aquellas noches en las que no podía dormir.

En los cines antiguos que proyectan películas con dos aparatos, el operador tiene que permanecer de pie para hacer el cambio de proyectores justo en el momento exacto, de manera que los espectadores no aprecien el corte cuando un carrete comienza y otro acaba. Hay que estar pendiente de los puntos blancos que aparecen en la parte derecha de la esquina superior de la pantalla. Son el aviso. Estáte atento a la película y verás dos puntos blancos cuando se va a acabar uno de los rollos.

En la jerga del oficio se les conoce como “quemaduras de cigarrillo”.

El primer punto blanco te advierte que quedan dos minutos. Enciendes el segundo proyector para que gane velocidad.

El segundo punto blanco es el aviso de que quedan cinco segundos. ¡Qué emoción! Estás de pie entre los dos proyectores y la temperatura en la cabina te hace sudar, son las lámparas de xenón, que te dejarían ciego si las miraras directamente. El destello del primer punto blanco aparece en la pantalla. El sonido de las películas procede de un altavoz enorme situado tras la pantalla.

La cabina de proyección está insonorizada porque, de lo contrario, se oiría el chasquido de los dientes del engranaje que arrastra la película ante las lentes a una velocidad de ciento ochenta centímetros por segundo, diez fotogramas por cada treinta centímetros, sesenta fotogramas apresados por segundo, como el restallido de una ametralladora Gatling. Con los dos proyectores en marcha, te sitúas entre ellos y empuás las palancas de cada uno de los obturadores. Cuando los proyectores son realmente viejos, dispones de una alarma en el eje del carrete de alimentación.

Los puntos blancos de aviso siguen apareciendo incluso cuando echan la película por televisión. Lo mismo sucede con las películas que se ven en los aviones.

Dado que la mayor parte de la película se enrolla en la bobina receptora, ésta gira cada vez con mayor lentitud, lo cual obliga a la bobina de alimentación a girar más rápido. Cuando se va a acabar un rollo, la bobina de alimentación gira a tal velocidad que comienza a sonar una alarma para avisarte de que has de cambiarlo.

Hace calor en la oscuridad debido a las lámparas de los proyectores y suena la alarma. Mantéte de pie entre los dos proyectores con una palanca en cada mano y vigila la esquina superior de la pantalla. Aparece el destello del segundo punto blanco. Cuenta hasta cinco. Cierra uno de los obturadores y al mismo tiempo abre el otro.

El cambio está hecho.
La película continúa.
Ningún espectador tiene la menor idea de lo que ha ocurrido.

La alarma está en la bobina de alimentación para que el operador pueda echar una cabezada. Los operadores de cine hacen muchas cosas que no deberían hacer. No todos los proyectores tienen alarma. A veces te despiertas aterrorizado en la oscuridad de tu habitación creyendo que te has quedado dormido en la cabina y te has olvidado de cambiar los rollos. Los espectadores te insultan; has destruido la ilusión creada por la película y el gerente dará buena cuenta al sindicato.

Te despiertas en el aeropuerto de Krissy Field.

El encanto de viajar me acompaña a todas partes, a llevar una vida diminuta. En el hotel me dan una pastilla de jabón; un sobrecito de champú; una ración individual de mantequilla; una pequeña dosis de enjuague bucal, un cepillo de dientes de usar y tirar. Encógete en el asiento del avión. Eres un gigante. El problema es que tus hombros son demasiado anchos. Tus piernas, como las de Alicia en el País de las Maravillas, se vuelven de repente tan largas que tocas con ellas los pies del pasajero que tienes delante. Llega la cena: un kit en miniatura de pollo cordon bleu como los de “hágalo usted mismo”, una especie de rompecabezas para mantenerme entretenido.

El piloto ha encendido el aviso de que permanezcamos con el cinturón de seguridad puesto, y oímos por megafonía “les rogamos se mantengan sentados”.

Te despiertas en el aeropuerto de Meigs Field.

A veces, Tyler se despierta en la oscuridad, agitado por el temor a haberse olvidado de cambiar los rollos o pensando que la película se ha roto o que se ha quedado tan adherida al proyector que los dientes del engranaje están taladrando la cinta de la banda sonora.

Cuando los dientes del engranaje perforan una película, la luz de la lámpara atraviesa la banda sonora y, en vez de oír hablar a los personajes, te quedas sordo oyendo el bup, bup, bup de las hélices de un helicóptero cada vez que el haz de luz se filtra por los agujeros de arrastre.

Qué otras cosas no debería hacer un operador de cine: Tyler saca diapositivas con los mejores fotogramas de las películas. Seguro que en la primera película que recuerdas con tomas frontales integrales aparecía desnuda la actriz Angie Dickinson.

Antes de que se hubiera llevado la copia desde los cines de la Costa Oeste a los de la Costa Este, la escena del desnudo había desaparecido. Un operador cortó un fotograma, otro operador cortó otro fotograma. Todos querían tener una diapositiva de Angie Dickinson desnuda. Cuando el porno se abrió paso en los cines, algunos de estos operadores lograron reunir colecciones de proporciones épicas.

Te despiertas en el aeropuerto de Boeing Field.
Te despiertas en el aeropuerto de Los Ángeles.

Esta noche el avión está casi vacío, así que pliega sin reparos el reposabrazos y túmbate. Te estiras en zigzag, con las rodillas dobladas, la cintura doblada y los codos doblados ocupando tres o cuatro asientos. Adelanto el reloj dos horas o lo retraso tres según el huso horario del Pacífico, el de las Montañas Rocosas, el central o el Del Este; pierdes una hora, ganas una hora.

Así es tu vida y se consume minuto a minuto.
Te despiertas en el aeropuerto de Cleveland Hopkins.
Te despiertas, otra vez, en el aeropuerto de SeaTac.

Eres operador de cine y estás cansado y enfadado; pero sobretodo, estás aburrido y empiezas quitándole a otor operador un fotograma pornográfico que encontraste en un escondrijo de la cabina y montas en otra perlícula el fotograma de un pene rojo y amenazador o el primer plano de una vagina húmeda y entreabierta.

Es una de esas películas de aventuras con mascotas en las que el perro y el gato se quedan atrás mientras la familia se va de viaje, y tienen que encontrar el camino de vuelta a casa. En el tercer rollo, justo después de que el perro y el gato, que hablan entre sí como personas, hayan comido en un cubo de basura, aparece por un instante un pene en erección.

Tyler hace esto.

Un fotograma de una película equivale en la pantalla a una sexta parte de un segundo. Divide un segundo en seis partes iguales y sabrás lo que dura la imagen de la erección. Un pene rojo, lúbrico y terrible se eleva cuatro pisos por encima de los espectadores, que comen palomitas, y nadie lo ve.

Te despiertas de nuevo en el aeropuerto de Logan.

Ésta es una forma espantosa de viajar. Asisto a reuniones a las que mi jefe no quiere ir. Tomo notas. Vuelvo otra vez contigo.

Dondequiera que vaya, allí estaré para aplicar la fórmula. Mantendré el secreto.
Es sólo cuestión de aritmética.
Es un problema con argumento.
Si uno de los coches nuevos fabricados por la compañía sale de Chicago en dirección oeste a cien kilómetros por hora y se bloquea el diferencial trasero y el coche se estrella y arde con todos sus ocupantes atrapados en el interior, ¿retirará la compañía los coches?

Toma el número de vehículos en carretera (A) y multiplícalo por el índice de probabilidad de que tenga una avería (B); luego multiplica el resultado por el coste medio de un acuerdo amistoso (C).

A por B por C igual a X. Esto es lo que costará retirar los coches.
Si X supera el coste de retirados, los retiramos y nadie sufre daño alguno.
Si X es inferior al coste de retirarlos, no los retiramos.

Dondequiera que voy, siempre encuentro la carrocería de un coche quemada y arrugada como un fajo de billetes. Sé dónde están enterrados todos los cadáveres. Considéralo mi garantía para conservar el trabajo.

Hora de llegar al hotel y comida en el restaurante. Dondequiera que voy, desde el aeropuerto de Logan hasta el de Krissy o el de Willow Run, entablo amistades fugaces con las personas que se sientan a mi lado.

Le explico al amigo de un día sentado a mi lado que soy coordinador de compañías que retiran coches, pero que estoy intentando labrarme una carrera fregando platos.

Te despiertas de nuevo en el aeropuerto de O’Hare.

Después de aquello, Tyler insertaba en todas las películas el fotograma de un pene. Por lo general, eran primeros planos: una vagina del tamaño del Gran Cañón (con eco incluido) o un pene de cuatro pisos de altura, que se estremecía con el pulso de la tensión arterial mientras la gente veía cómo bailaba Cenicienta con el Príncipe Azul. Nadie se quejaba. El público seguía comiendo y bebiendo, pero la función ya no era la misma. La gente sentía náuseas o empezaba a llorar sin saber por qué. Sólo un colibrí habría podido pillar a Tyler con las manos en la masa.

Te despiertas en el aeropuerto JFK.

Al aterrizar, soy un neumático que se forma y se hincha cuando una rueda choca con un golpe sordo contra la pista de aterrizaje y el avión se inclina hacia un lado y se debate por un instante entre enderezarse o volcar. Durante ese instante nada importa. Mira a las estrellas y habrás desaparecido. Nada importa. Ni tu equipaje ni tu mal aliento. Por las ventanillas se ve la oscuridad del exterior y se oye detrás el rugido de las turbinas. Si la cabina se inclina y adopta un ángulo imporpio con las turbinas en marcha, nunca más tendrás que presentar otra demanda de indemnización. Necesitas un recibo para reclamar objetos cuyo valor supere los veinticinco dólares. Nunca más tendrás que cortarte el pelo.

Otra sacudida y la segunda rueda choca contra el aslfalto. Se oye el ruido que hacen las hebillas de cien cinturones de seguridad al abrirse y el amigo de un día que se sienta a tu lado, y con el que has estado a punto de morir, te dice:

- Espero que consiga encauzar esa carrera.
- Si; yo también.

Y éste es el tiempo que ha durado todo. Y la vida continúa.
Y, no sé cómo, Tyler y yo nos conocidos, por casualidad.

Te despiertas en el aeropuerto de Los Ángeles.
Otra vez.

Mi amistad con Tyler nació porque fui a una playa nudista. Fue a finales de verano, mientras dormía. Tyler estaba desnudo y sudaba, rebozado en arena, con el pelo húmedo y desgreñado cubriéndole la cara.
Tyler llevaba ya mucho tiempo por aquí antes de que nos conociéramos.

Tyler sacaba del agua los troncos que iban a la deriva y los arrastraba playa adentro. Ya había clavado varios troncos en la arena húmeda, con varios centímetros de separación y formando un semicírculo que se levantaba hasta la altura de los ojos. En total había cuatro troncos, y al despertarme observé cómo Tyler arrastraba un quinto tronco playa adentro. Tyler excavó un agujero junto a un extremo del tronco, levantó la parte superior y el tronco se deslizó en el agujero, y quedó de pie adoptando un ligero ángulo.

Te despiertas en la playa.

Éramos las únicas personas había en la playa.

Con un palo Tyler trazó en la arena una línea recta a varios metros de distancia. Volvió a enderezar el tronco y apelmazó a pisotones la arena alrededor de la base.

Fue el único que presenció la escena.
Tyler me pidió que me acercase y me preguntó:

- ¿Sabes qué hora es?
Yo siempre llevo reloj.
- ¿Sabes qué hora es?
Le pregunté: “¿Dónde?”.
- Aquí y ahora – me dijo Tyler.
Eran las cuatro y seis minutos de la tarde.

Al cabo de un rato Tyler se sentó a la sombra de los troncos enhiestos con las piernas cruzadas. Tyler permaneció sentado unos minutos, se levantó y se dio un baño, se puso una camiseta y unos pantalones elásticos y se dispuso a marcharse. Tenía que preguntárselo.

Tenia que saber qué había estado haciendo Tyler mientras yo dormía.

Si me despertara en un lugar distinto, en un momento diferente, ¿lograría despertarme siendo otra persona?

Le pregunté a Tyler si era artista.

Tyler se encogió de hombros y me indicó que los cinco troncos eran más anchos por la base. Tyler me mostró la línea que había trazado en la arena y la forma en que había calculado con ella la sombra proyectada por cada tronco.

A veces te despiertas y tienes que preguntarte dónde estás.

Lo que Tyler había creado era la sombra de una mano gigantesca. Sólo que ahora sus dedos eran tan largos como los de Nosferatu y el pulgar era demasiado corto, aunque me dijo que a las cuatro y media exactamente, la mano sería perfecta. La sombra gigante de la mano era perfecta durante un minuto y durante un minuto perfecto Tyler había estado sentado sobre la palma de esa perfección creada por él.

Te despiertas y no estás en ningún sitio.

Un minuto era suficiente, dijo Tyler; hay que trabajar duro para lograrlo, pero por un minuto de perfección valía la pena el esfuerzo. Lo máximo que podías esperar de la perfección era un instante.

Te despiertas y basta.

Se llamaba Tyler Durden y trabajaba de operador de cine para el sindicato; también era camarero de banquetes en un hotel céntrico, y me dio su número de teléfono.

Así nos conocimos.

El Relato de la Abadesa.

El 4 de abril del año 782, en el palacio oriental de Aquisgrán, tuvo lugar una fiesta magnífica para celebrar el cuadragésimo cumpleaños del gran Carlomagno. El rey había invitado a todos los nobles del imperio. El patio central, con su cúpula de mosaico, escaleras circulares y balcones, estaba repleto de palmeras traídas de tierras lejanas y festoneado con guirnaldas de flores. En los grandes salones, entre lámparas de oro y plata, sonaban arpas y laúdes. Los cortesanos, engalanados de púrpura, carmesí y dorado, se movían en un país de ensueño, habitado por malabaristas, bufones y titiriteros. En los patios había osos salvajes, leones y jirafas y jaulas con palomas. Durante las semanas que precedieron al cumpleaños del rey había reinado un gran júbilo.

El apogeo de la fiesta tuvo lugar el mismo día del cumpleaños. Por la mañana el monarca llegó al patio principal en compañía de sus dieciocho hijos, la reina y sus cortesanos predilectos. Carlomagno era sumamente alto y poseía la delgadez garbosa del jinete y el nadador. Tenía la piel atezada y la caballera y el bigote veteados de rubio a causa del sol. Todo en él indicaba que era el guerrero y gobernante del mayor reino del mundo. Vestido con una sencilla túnica de lana y una ceñida capa de marta, y portando la espada de la que jamás se separaba, atravesó el patio saludando a sus súbditos e invitándolos a compartir los refrescos que profusamente se ofrecían en las tablas chirriantes del salón.

El rey había preparado una sorpresa. Maestro de la estrategia bélica, sentía una especial predilección por cierto juego. Se trataba del ajedrez, conocido también como juego de guerra o juego de los reyes. En este su cuadragésimo cumpleaños Carlomagno pretendía enfrentarse al mejor ajedrecista del reino, el soldado conocido como Garin el Franco.
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Bienvenidos un dia más al Gremio de Magos.

En entradas anteriores os comentaba que las Actividades se Retrasarían un poco, pues bien, esta entrada es para avisaros de que la más afectada será Estudio de lo Eteréo. La Actividad Central y que nos define como Club de Lectura Virtual.

Tanto: Palabras de Errantes como Fragmentos de Vida seguirán en pie, al dia, pero he considerado necesario hacer una pausa en la actividad central por diversos motivos.

El primero es el Verano con todo lo que eso representa: Playa, Tiempo Libre, Fiestas, Exámenes de Septiembre, Ferias, Festivales, Cursillos, Acampadas, Viajes, etc… etc…

El segundo y más importante es también más personal, pues veo que hay quien se ha quedado atrás, quien aun sigue leyendo El Alquimista, 1984, Los Pilares de la Tierra o alguno anterior. Por eso me gustaria dar un tiempo para que volvamos con el mismo ritmo.
Sinceramente, yo soy el primero que aun no ha terminado Los Pilares de la Tierra y que abandonó 1984 por la mitad, por ello veo necesario ese descanso. Y es que cuando yo mismo no voy al dia… no me siento capaz de crear un tema para animaros a votar.

La idea sigue en pie, y quiero que siga adelante. Pero creo que un descanso es lo mejor para volver con fluidez.

Como siempre, Gracias por seguir ahi.

Un abrazo y ¡A vivir gente!. Disfrutad todo lo que podais del Verano que está a la vuelta de la esquina.

Prólogo

Museo del Louvre, París (10.46 pm)

Jacques Saunière, el renombrado conservador, avanzaba tambaleándose bajo la bóveda de la Gran Galería del Museo. Arremetió contra la primera pintura que vio, un Caravaggio. Agarrando el marco dorado, aquel hombre de setenta y seis años tiró de la obra de arte hasta que la arrancó de la pared y se desplomó, cayendo boca arriba con el lienzo encima.

Tal como había previsto, cerca se oyó el chasquido de una reja de hierro que, al cerrarse, bloqueaba el acceso a la sala. El suelo de madera tembló. Lejos, se disparó una alarma.

El conservador se quedó ahí tendido un momento, jadeando, evaluando la situación. “Todavía estoy vivo”. Se dio la veulta, se desembarazó del lienzo y buscó con la mirada algún sitio donde esconderse en aquel espacio cavernoso.

- No se mueva – dijo una voz muy cerca de él.

A gatas, el conservador se quedó inmóvil y volvió despacio la cabeza. A sólo cinco metros de donde se encontraba, del otro lado de la reja, la imponente figura de su atacante le miraba por entre los barrotes. Era alto y corpulento, con la piel muy pálida, fantasmagórica, y el pelo blanco y escaso. Los iris de los ojos eran rosas y las pupilas, de un rojo oscuro. El albino se sacó una pistola del abrigo y le apuntó con ella entre dos barrotes.
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Muy buenos dias y bienvenidos un dia más al Gremio de Magos.

Esta entrada llega con el fin de avisar sobre el estado actual en el que se encuentra el Gremio.
Acaba de ser publicado el Fragmento de Vida la Semana pasada, del Dia 23, con algo de retraso. Y dentro de poco, posiblemente hoy o mañana me gustaría colgar el Fragmento de Vida de esta semana.

Aunque los Fragmentos se colocan en el dia que corresponde, es una realidad que han llegado tarde, y de eso va esta entrada.

Por si algun lector esperase Noticias, me gustaría avisarle de que estas se retrasarán como poco hasta los Proximos Meses, cuando pase la Oleada de Examenes en la que me encuentro y en definitiva, considere oportuno dedicar más tiempo a este proyecto.

Si me gustaría seguir avisando de que las actividades básicas seguirán funcionando, aunque puede que lleguen con algo de retraso.

Y al igual que he dicho otras veces, dejo caer por aqui la dirección del Gremio de Magos, por si alguien deseara ponerse en contacto para colaborar con este proyecto, aportar sus Fragmentos, noticias o en general aquello que se le pase por la cabeza xDD.

Para los interesados: clubdelecturavirtual@gmail.com
Muchas gracias por vuestro tiempo y por seguir ahi.
¡A vivir gente ~~!

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